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El economista Carlos Lessa concede una entrevista sobre las medidas recientes en el banco

Rafael Tatemoto |
"El discurso y la orientación neoliberal ponen la institución a disposición", afirma Lessa Agencia Brasil

El gobierno de Michel Temer (PMDB) cambió la tasa de interés cobrada por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), el cambio aproxima la tasa de interés a las tasas practicadas por el mercado privado.

El Brasil de Fato conversó sobre el tema con Carlos Lessa, economista brasileño que presidió el banco en el período entre 2003 y 2004, en el primer gobierno del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Para Lessa, el discurso y la orientación neoliberal del gobierno en las directrices del banco ponen la institución a disposición.

Lessa, que tiene 81 años de edad y es discípulo del economista Celso Furtado, cree que el Brasil puede llegar a ser un país desarrollado económicamente y socialmente. Sin embargo, afirma que las condiciones para concretar este sueño son adversas: “vivimos un momento de pérdida de la identidad nacional”.

Vea la entrevista completa:

Brasil de Fato – ¿ Muchos de los expertos afirman que el cambio en la tasa de interés del BNDES – de Tasa de Interés de Largo Plazo (TLJP) para Tasa de Largo Plazo (TLP) – debilita el diferencial en relación al mercado privado y ataca la justificativa de su existencia. Usted concuerda con esta afirmación?

Carlos Lessa – En líneas generales, es verdad. Un banco de desarrollo es un banco que tiene visión de futuro y aproxima esa visión a la realidad mediante líneas de crédito favorecidas a quien piensa en desarrollo (?). En realidad es un hacedor de futuros. Para eso, es fundamental tener algún elemento atractivo para la inversión privada. El sector público puede incluso asumir una parte del riesgo, suscribiendo una parte del capital de futura empresa.

Son procedimientos que crean condiciones para realizar inversiones que materializan la propuesta de desarrollo que el país tiene. Así que el principal es que exista una propuesta de desarrollo. Debe existir un proyecto nacional. Si no existe, el banco puede construir un hipótesis de proyecto nacional.

A propósito, el BNDES lo hizo más de una vez a lo largo de su trayectoria. Pero la única manera de ejercitar este proyecto es crear un elemento diferencial a favor de quien materializa el proyecto.

Un paso atrás: ¿por qué no se debe dejar el desarrollo en las manos de las bancas de inversión privadas?

Como el proceso de desarrollo industrial no es un proyecto aislado en la empresa, al asumir el compromiso de desarrollo de un conjunto de empresas la banca crea, al mismo tiempo, un conjunto de futuros mercados. Por eso, tan importante cuanto ofrecer el potencial a quien acoge la directiva es la necesidad de ofrecer concreción y hacer con que un conjunto de protagonistas la asuma. Esa es la capacidad directiva del banco de desarrollo, que por definición no es una banca de inversión.

La banca de inversión recibe empresas que ya decidieron lo que van a hacer y que buscan verificar cuál es la mejor modalidad para materializar la decisión. Lo que la banca de inversión hace es combinar las necesidades posibles que pueden ser atendidas y definir como pueden ser atendidas, para que la trayectoria determina se realice. Es decir, la banca de inversión ofrece concreción a la decisión microeconómica. El banco de desarrollo crea realidad macroeconómica, por eso es tan importante para un país que se encuentra en la periferia del mundo.

El BNDES cumple en Brasil un rol clave para el proceso de transformación productiva del país. Aquellos que piensan que es posible acabar con el BNDES deben contestar la siguiente pregunta: El Brasil ya es un país desarrollado?

El BNDES sufrió una reorientación en los 80 y principalmente en los 90. Promovió una serie de privatizaciones. ¿Es posible comparar el actual momento del banco con el momento de aquellas dos décadas?

Yo tengo mucha dificultad de percibir lo que está ocurriendo en el BNDES hoy. Creo que atraviesa un período de gran vulnerabilidad, porque el discurso y la orientación neoliberal ponen la institución a disposición. No veo cualquier movimiento del sector privado para protegerlo, lo que es curioso.

¿Todavía es posible crear un proyecto que combine capital productivo y trabajo?

En todos los países desarrollados la inserción del trabajo se dio dentro de las posibilidades y potenciales de la economía en movimiento. Hubo un momento en que la llamada socialdemocracia pasó a orientar el destino de gran parte de las economías desarrolladas del mundo.

Creo que hoy día esta posición ideológica está decaída. No sé exactamente cual es la razón de este cambio, pero pienso que tiene que ver con transformaciones en el mundo. Una de ellas es creciente peso y poder de la decisión de los negocios externos, extranacionales, que no tienen relación con el territorio nacional. Es una tendencia creciente en velocidad e intensidad que objetivamente ponen a un lado la idea del desarrollo en países que ocupan posiciones fuertes.

El Consenso de Washington declara que el desarrollo solo es posible con las reglas pre-keynesianas, es decir, con la intervención mínima del Estado, principalmente en relación a los flujos de gasto, la llamada minimización del gasto público. Esta ‘sugestión’ está por detrás de la orientación de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que imponen a los países periféricos condiciones que los apartan de sus proyectos de desarrollo.

¿ Pero a quién cabe la elaboración de ese proyecto nacional, si ni siquiera los sectores del capital se interesan?

La disputa no es por el futuro, sino por el presente que cada empresa puede conquistar. Claro que para eso tiene que tomar decisiones relativas a su futuro. Si la sociedad nacional no tiene un proyecto claro, lo que ocurre es que la decisión de la empresa va a ser la decisión que obtenga suceso en la perspectiva de preservación de su propio mercado y eventual crecimiento en otros mercados. Esta lógica puede estar subordinada a un proyecto nacional o no. Lo que el neoliberalismo dice es que la nación emerge como figura derivada del juego de las empresas, lo que no es verdad.

Sigue la cuestión: ¿quién elabora el proyecto nacional?

Históricamente, los actores ideológicos del desarrollo brasileño no fueron los empresarios, quizás a excepción de Roberto Simonsen. Ellos vinieron del sector público, en su mayoría.  Fueron proyectos que se desarrollaran según la ideia de que sería posible construir una nación en los trópicos.

Ante los intentos interrumpidos de desarrollo, usted guarda el sueño de la superación del subdesarrollo?

Lo guardo como sueño. Lo que se puede preguntar es si las condiciones para la realización de este sueño están favorables. No están. Vivimos un momento de pérdida de identidad. Estamos en un proceso de ceder las ideas en torno a nuestra identidad nacional.

¿Quién es el agente político del ataque a la identidad nacional?

No sé si hay un agente movilizado solamente por esa idea. Existen diferentes visiones, que convergen en la idea de abandonar el concepto de nación. Hay una esfera amplia de intereses en las conexiones que cada fracción del capital guarda con las fracciones del capital externo. Existen fracciones que tienen acceso privilegiado a fracciones dominantes fuera del Brasil. No hay una estandarización. Lo que hay de modo inequívoco es la idea de que la solución existe solamente para sí, los otros no importan.