EDUCACIÓN SUPERIOR

Congelamiento de presupuestos afecta becas de investigación, manutención de laboratorios y hospitales

Pedro Rafael Vilela |
La Universidad del Estado de Rio de Janeiro (UERJ) cerró las puertas por tiempo indeterminado tras atraso en los pagos Tânia Rêgo | Agência Brasil

En dos años, los recursos de las universidades federales brasileñas y la inversión en ciencia, tecnología e innovación sufrieron una reducción total de cincuenta por ciento.

La situación actual es tan grave que muchas de las instituciones de educación superior mantenidas por el gobierno federal corren el riesgo de paralizar sus actividades antes de fin de año, pues no habrá dinero para pagar las cuentas de energía, agua, limpieza y seguridad. Tampoco habrá recursos para las actividades académicas y de investigación, como el mantenimiento de becas de iniciación científica y la compra de equipamiento y material para los laboratorios.

“Es el peor presupuesto en diez años”, señala Tamara Naiz, presidenta de la Associação Nacional de Pós-Graduandos [Asociación de Nacional de Estudiantes de Posgrado] (ANPG, por sus siglas en portugués).

“Educación y salud no son responsables por la crisis económica, pero siempre son castigadas por eso”, lamenta el profesor Vírgilio Arraes, presidente de la Asociación de Docentes de la Universidad de Brasília (ADUnB).

Los recortes también comprometen los servicios prestados a la sociedad, como el servicio de atención a la salud, realizado en las clínicas y hospitales universitarios mantenidos por las instituciones federales.

“Si el gobierno mantiene esta directriz, algunas instituciones se verán obligadas a suspender sus actividades en septiembre o octubre”, añade Arraes, citando el ejemplo de la Universidad Estatal de Rio de Janeiro (UERJ), que llegó a ser una de las mejores instituciones del país, pero que actualmente vive una grave crisis de asfixia financiera, con sueldos atrasados y suspensión del año lectivo.

“Esperamos que la situación vivida por la UERJ no se repita en el resto del país”, afirma Arraes.

Para denunciar este estrangulamiento financiero, un grupo de profesores universitarios, cientificos, estudiantes e investigadores, organizados alrededor de la campaña “Conocimiento sin Recortes”, creó el “Tesourômetro” [“Tijerómetro” término para medir los recortes que hace referencia a tijeras – ‘tesouras’ en portugués], un panel electrónico que exhibe en tiempo real el impacto de los recortes desde 2015, a partir del presupuesto federal de aquel año. Y los números son alarmantes. En dos años, no se aplicó cerca de US$ 3,70 mil millones en generación de conocimiento y desarrollo científico y tecnológico.

Inversión de prioridades

Ese valor congelado se aproxima al valor – 1,3 mil millones – que el gobierno de Michel Temer gastó en dos meses en enmiendas presupuestarias parlamentarias, para evitar que los diputados autorizaran que sea investigado por el crimen de corrupción pasiva, según la denuncia presentada por la Fiscalía General [Procuraduria Geral] de la República.

“El gobierno abre la caja fuerte para atender a los diputados y salvarse. Mientras tanto, la producción de conocimiento agoniza, se corre gran riesgo de que haya un verdadero colapso científico y tecnológico en el país”, critica Tamara Naiz, de la ANPG.

Uno de los casos más preocupantes es el pago de las becas de investigación por el Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico [Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico] (CNPq), división semiautónoma del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicación. Solo hay recursos disponibles para efectuar el pago de las becas hasta septiembre.

Un total de 100 mil investigadores, entre estudiantes de maestría, doctorado y postdoctorado podrían quedarse sin beca, lo que afecta de modo drástico a la continuidad de los proyectos.

“Actualmente, noventa por ciento de la investigación científica se practica en el posgrado. Cuando se deja de invertir, todo lo que se realizó se vuelve obsoleto y Brasil se coloca en una condición de dependencia de conocimiento y tecnología producidos por otros países, lo que es malísimo para la recuperación del desarrollo y de la soberanía del país”, argumenta Naiz.

Para evitar la interrupción de las becas, el CNPq necesita el aporte de US$ 180 millones hasta el fin del año. Es un valor pequeño si se compara con los mil millones gastados hasta ahora en enmiendas presupuestarias parlamentarias.

“Los países que se enfrentan a crisis parecidas o hasta peores que la nuestra hicieron exactamente lo contrario de lo que estamos haciendo”, afirma el director de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Fundação de Apoio à Pesquisa de Minas Gerais [Fundación de Apoyo a la Investigación] (Fapemig), Paulo Sérgio Lacerda Beirão, en una entrevista reciente con el portal de la ANPG.

Él cita el ejemplo de Corea del Sur, que enfrentó una grave crisis económica en 1998 y, en vez de recortar las inversiones en ciencia y tecnología, aumentó los aportes en esas áreas.

“Hoy Corea es lo que es. No hace falta ni hablar, quizá su celular fue fabricado en Corea, el coche de alguien sea coreano, todo basado en ciencia y tecnología”, afirma Beirão, en referencia a las empresas coreanas del sector tecnológico, como la Samsung y la Hyundai.

Petición y protestas

Además del “Tesourômetro”, que está disponible en universidades en Rio de Janeiro, como en la UFRJ, en Belo Horizonte, en la UFMG y en Brasília, la campaña “Conocimiento sin recortes” disponibilizó una petición electrónica que cuenta con más de 73 mil firmas.

La petición exige la garantía del funcionamiento pleno de las universidades públicas y de los institutos de investigación, el mantenimiento de las becas de estudio y de las políticas de permanencia estudiantil, especialmente para los estudiantes más pobres, además de la recuperación de las inversiones a los niveles de 2014.

La petitoria también hace un llamamiento a retirar las áreas de salud y educación de la enmienda constitucional nº 95, que creó un techo al gasto público, limitado al crecimiento inflacionario.

La ANPG también convocó a estudiantes, investigadores y la comunidad en general para una serie de manifestaciones el 17 de agosto en todo el país. El objetivo es denunciar la situación del sector de educación, ciencia y tecnología.